2 Octubre 2008
Primeros pasos: el dibujo sobre el plano. Se toman imágenes satélites de la zona, se recala información in situ, a través de espías, de la situación del objeto de la acción. No es necesario, desde hace tiempo, el cuerpo a cuerpo, el contacto físico con el enemigo. ¿Pa qué? Tanta concupiscencia e intercambio de fluidos sólo trae contagio de enfermedades. Nada, una simple llamada de móvil, con una foto que la acompañe, puede desencadenar los acontecimientos. ¿Viene antes el deseo o la necesidad? Es decir: ¿queremos ocupar, con todo lo que ello implica, o tenemos necesidad de expansión porque no cabemos más? Será más bien que a través del deseo creamos la necesidad, como en la guerra del amor. Segundo paso: la amenaza. Cuidadín, que viene el coco, con los bulldozers, y demás cosas que hacen pupita, con la premisa clara de que no amenaza quien quiere sino quien puede. Así que ni caso a los que consiguieron su poder por oposición, o por recomendación, y mucho menos a los que llevan zapatos grandes, financian equipos de fútbol y llevan coches que no pegan con el color de sus pantalones. Una vez acojonados y achantados los moradores originales, con insultos a su patria y símbolos intocables, se establece un plazo, un ultimatum, un día “H”... para que al personal se le enjute el bú. Rueda de prensa que te crió, ponerse delante de la ONU y decir cuatro verdades del barquero y trescientas mentiras de taxista, y espetar: por el bien de la Humanidad y el futuro, esta invasión es supernecesaria... Ah, y no tiene marcha atrás. La invasión es lo más fácil, sabemos que hay cientos de empresas que se dedican profesionalmente a la destrucción por encargo. No se imaginan lo que un garrulo sin conciencia pudiera hacer en El Escorial armado con un martillo y un cincel, y un contrato de 8 a 6, a 50 euros diarios. Describir una guerra es un coñazo que se lo dejo a las ong’s que, pacientemente, nos recuerdan por email lo malo que es perder derechos y tó la pesca. Ni caso, que luego vienen los mariconeos y no acabamos el trabajo. Bombazos como si fueran rebajas, llamarazos como aprendices de Torquemada y que no quede ni rastro de la Historia, que ahora viene la parte más interesante del asunto: la reconstrucción. Esos pisitos con vistas al arroyo a 150,000 euritos, esos dúplex, esas galerías comerciales, nuevas aceras, farolas, alquitranados... ¿Qué miedo tienen los débiles a la guerra si luego queda todo más bonito, más nuevo, más arregladito? Y da trabajo a todo el mundo: a los fotógrafos, a los poetillas, a los camareros que sirven en el cocktail de la victoria. ¿Quién no tiene un familiar o un amigo guerrero? ¿Quién puede decir a boca llena que no se ha beneficiado de la guerra? Ay, lo que son las cosas... ¿Hemos gastado demasiado dinero en la guerra, de forma que ya no hay más para seguir peleando? Nada, que faltan más visionarios, más fiestas, más drogas para quitarles a la gentes las ganas de aburrirse leyendo o viendo películas. (Que quede claro que hablo de ladrillos, escayolistas, constructores, promotores, diseñadores, fontaneros, electricistas y demás guerreros de la economía española).
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22 Septiembre 2008
Decir que te he querido no cambiará la realidad de las cosas, el que te siga sintiendo no mía sino parte de mí, de mi historia, tampoco hará que la rueda de la fortuna pase por mi camino y el tuyo. Durante años, casi desde las primeras necesidades de disfrutar de mis primeras experiencias, soñaba con tener algo así, poder amar libre, sin mentiras. He tenido que pasar por puertas desconocidas para sentir que aquí me quedaba, que ya he visto suficientes amaneceres desde ventanas extrañas. Al principio eran los miedos, luego se tira uno a la piscina y ya en medio de la batalla, sólo desea que los vientos no hagan jirones en las velas. En la piscina, entre arrumacos, besos y caricias, se hacen planes, se diseñan carreteras para que las pasiones puedan circular con velocidad adecuada, y en las despedidas de las noches las promesas son como pulseras que uno mira de cuando en cuando para avivar las llamas amorosas. Básicamente, te he querido demasiado, de forma que no conseguía ver los problemas que luego me llevaron a tomar la decisión, quién sabe si irrevocable, de separarme de ti. Todos mis esfuerzos giraban en torno a ti, a hacerte mejor, a conseguir más tiempo que vivir contigo, y llega un momento en que, en cierta manera, se crea una relación de dependencia: guardas cosas del otro en el armario, llegan papeles que formalizan la relación entre tú y yo, llegan facturas que la testimonian. Y en un día señalaíto di la cara frente al sistema y me comprometí a dejarme la piel mensualmente por ti. Al principio todo iba bien, cumplía como hombre de bien contigo, deslomándome para que el amor fuera creciendo en nuevas direcciones, hoy aquí, mañana allí. Cada día, cuando llegaba a verte, iba mejorando tu aspecto, a veces era el maquillaje, el bueno, el complemento de lo de por sí bello. Otras, era algo más estructural: un cambio completo de luces y aires, de comodidades... Una mañana, un lunes, entre el café y las noticias de las 9, un mensajero, que ya sabes sólo traen malas nuevas, nos dio un aviso, como en los toros. Me enmendé de mi error... Por una de estas, empezaron a no cuadrarme las cuentas, y me dio miedo que nuestros amores se resintieran, e insomne como un loco, me convertí en una sombra de mí mismo por conservarte. Trabajaba a deshoras, por corresponderte y estar a tu vera, y me llené de celos, ansiedades y llantos. ¿Por qué me pasa esto a mí? En fin, para qué enredarse en lo que no fue pero pudo haber sido... Hoy es lunes también y voy camino del banco, el mismo que certificó nuestro amor. Que sea lo que Dios quiera, que he hecho lo que en mis manos estaba. Le diré al director que te he querido como a nadie en este mundo, que por ti he hecho lo que ni imaginaba pudiera hacer. Todavía me tiemblan los sentidos de pensar en ser capaz de repetirme en mis deseos. Sé que ésto no acaba aquí, que ahora viene el calvario de la separación, lo que es tuyo, lo que es mío, qué hacer cuando te vea, si cambiar de ciudad. En fin, otras manos te acariciaran y otras bocas te dirán te quiero, a ti, la casa de mis desvelos. Es así. Sr. Director: aquí tiene las llaves de mi casa. No puedo hacer frente a los pagos.
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8 Septiembre 2008
¿Qué hacer, Dios mío, con la que está cayendo y la que se nos viene encima? Si siendo personas honestas, serias y respetadas no hemos conseguido alcanzar el nirvana de la satisfacción personal y social, habrá que tomar otro camino para llegar a las metas. Y lo he pensado: a tomar por culo la seriedad. Sin llegar al punto de perder la compostura y el sentido del ridículo, ni ser un mangante o un drogata irredento, quiero pensar que con un estado de permanente exigencia de alegría, derroche de energías y fiesta compartida podría alcanzar mayores metas que con la actitud de comedimiento y dependencia. ¿Será posible mantener este estado para conjurar los malos agüeros de la pecunia? ¿Por cuánto tiempo? ¿A qué coste? Fiestas, juergas, cenas, salidas, noches... Frente a la acumulación de facturas impagadas, dos botellas del mejor tinto arrebatado al saldo de tu prima Visa; contra el agobio por el estiramiento del exiguo sueldo que te pagan como administrativa en una constructora en trance, tres noches frente al mar, desnuda, con la persona que amas, como si el Fondo Monetario fuera a llevarse la luna para pagar los agujeros de las hipotecas basura... Rompe la hucha, llena el depósito antes de que vuelva a subir el diesel, y dirige el coche hacia ese pueblo al que siempre quisiste ir, pero al que las responsabilidades que te hicieron adquirir postergaron a la lista de cosas por hacer cuando la cosa se pusiera buena. Proclámalo: este mundo se acaba, al carajo, el que venga no podrá ser peor. No tengas miedo, no abraces ninguna religión, abraza al compañero y celebra que mañana no tendrás que pagar el recibo del nuevo mac que te mandaron de América... Hola, buenas, ¿el señor González? No está, no sé cuándo vuelve, a ido a sacar a paseo a una tía suya, a hacerle el amor a su amante o a tragarse tres películas en el cine... Pero, ¿cómo se lo permite? No sé, es un misterio... Camina bailando, habla como si fuera a cantar y si se lo permites te susurra un fandango que destruirá el orden en tus archivos... Ventajas de la nueva revolución por venir: no hará falta destruir los registros de la propiedad, quemar los sujetadores, correr delante de los grises como si fuera San Fermín. Tampoco hará falta ponerte un pañuelo rojo y negro, levantar el puño y desgañitar la Internacional socialista... Será más fácil que todas esas mentiras. Bastará con desaparecer en el fragor de la batalla carnavalera, seguir el ritmo de los tambores y dejarte seducir por los primeros ojos que te apuñalen. Ser invisible para que ningún indeseado te encuentre en este momento de continua vanidad actual. Así, una vez tu cuerpo transformado en un altavoz de la alegría y el ritmo, extasiado por aquello que te ayudó a alcanzar la luz, poco antes del amanecer, con el ruido de fondo de la feria, llegues al convencimiento de que quizá te arruines en esta búsqueda majareta pero... ¿y lo que te llevas al Cortijo Los Callaos? Que yo no quiero dinero, prima, lo que quiero es que me quieras lo mismo que yo te quiero...
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8 Septiembre 2008
Entraba por la puerta y tenías que mirarlo, de puro magnetismo. Grande, de azules ojos, las manos con restos de sangre entre las uñas. ¿Era consciente de que no era de este mundo, bueno, del mundo que empezó a crearse cuando el suyo empezaba a desaparecer? He visto enrojecer a mi abuela al oír un piropo suyo. Para los que no lo conocieron les diré que se presentaba al nombre de “Federico de Vicente, mataor de toros por la gracia de Dios” y era, por supuesto, el más embustero de los lebrijanos. No creía en el dinero, al menos no parecía llevarlo encima, pues era el trueque su modus vivendi: lo que cobraba de un sitio, lo empeñaba en otro, y luego esto mismo le servía para cerrar un trato... Siempre venía de otro lado (de matar seis toros en el Puerto; de haber estao con su amigo no sé quién...) y nunca sabías adónde se dirigía: Matahacas, dile a tu bato que mañana voy a verlo. Aparecía a la semana siguiente con una escopeta de caza, una montura, unos botos, unos zahones... que intercambiaba por un perchero de cuernos de ciervo, por ejemplo. Tenía múltiples oficios, según la circunstancia; talabartero, dibujante, capador, matarife... El que más me gustaba: mago. Culto y supersticioso, al cuello una ristra de medallas de santos y vírgenes, aún recuerdo cómo ante dos incrédulos viajantes, cortó una corbata que volvió a unir no sin antes invocar a los dioses: San Benito, tú que acuestas con la Virgen de Palomares... Siempre lo cuento y el personal no me cree. Su mundo eran las vereas, su lenguaje un cultísimo caló sazonado de términos taurinos. Mi vida quedó fulminantemente prendida de la suya la vez que lo acompañé en una de sus peregrinaciones consentido por el atrevido de mi padre. No había cumplido los diez años y allá que me vi recorriendo las tabernas y quioscos más variopintos, a su lado, escuchándole. Me devolvió a mi casa harto de fantas, con un tambor y una trompeta que, por supuesto, no había pagado. La última vez que lo vi, con su traje de peregrino (la camisa llena de sangre, sombrero y vara de mimbre), me dibujó un toro en diez segundos, y me aseguró que tenía unas botas en su casa para la que entonces era mi novia... Vivir con un personaje como Federico no debe ser fácil, supervivientes como son de sus propios naufragios. Me pregunto si sería capaz de adaptarse al mundo de hoy, donde ser un personaje es casi lanzarse al abismo del desprecio, cuanto más, o al del olvido, por pasotismo. Hay lugares que tienen un aura por sí mismos, sin la excesiva presencia de la mano del hombre, pero hay otros que son la suma de las historias de sus hombres. Será la distancia, será que cuando vuelvo al pueblo, no consigo reconocerlo porque lo van destruyendo, será porque nos hacemos mayores y dejamos de estar. Los muchos que lo conocieron y aprendieron de él, debería unirse y beber una copa en su nombre y, si acaso, dedicarle una calle o una plaza.
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26 Agosto 2008
El destino está escrito. Los fuertes dominarán a los débiles. Hay una señora que mira distante a lo lejos, a lo que está lejos, mientras sus manos juguetean con la boca de un perro confiado. Lleva un sombrero con corona que recuerda la forma del símbolo del infinito. Viste de azul y verde, capa roja y cíngulo amarillo. Detrás suya, la nada. Cambio de tercio. Indicadores alternativos de fortaleza de la economía: la largura de la falda con respecto a la rodilla; el precio de la Big Mac en cada país; el índice del pintalabios frente al brillo de labios... Visto lo dicho y como hay que contribuir al calamitoso ambiente apocalíptico antójaseme naquerar de la verdadera fortaleza actual. Ahora que vamos volviendo a los currelos de las vacaciones robadas al saldo de la VISA, antes de que entre septiembre y empiecen a llegar las facturas del verano, nosotros los débiles demostraremos que ser fuerte es aguantar los embates que los llamados fuertes nos mandan desde sus puestos de decisión: hemos olvidado cuán larga llevaba la falda la parienta; hemos querido olvidar cuánto nos hemos gastado en los diferentes Macdonalds y del pintalabios, ni hablamos. Ahora nos concentramos en el kilo de acedías, en el litro de aceite y de diesel y pensamos: Dios mío, serán hijos de la gran puta, que están comiendo de mi ruina. ¿Explotará la válvula express de la normalidad? ¿Estaremos exagerando? Para los neófitos de la ruina, que algunos ya tienen un master de postgrado en ella, esta cuestiones les cogen desprevenidos y no entienden cómo después de haber hecho lo que se supone debían de hacer (cantar el himno de Andalucía en la puerta del cole; hacer la primera comunión vestido de marinerito; emborracharse en la fiesta de COU; pagar para acabar la carrera; hacer prácticas mal remuneradas en una ong afín; comprar todo lo que sea necesario, casarse y tener niños, casa, coches, segunda casa, perros de pedigrí...); retomo, no entienden cómo carajo no llegan a fin de mes. Se les endurece el carácter, se les afloja la negra ironía y se convierten en descreídos capaces de arrasar con los más adustos anarcosindicalistas. Lo vaticino, si hay rebelión, revolución o lo que sea, vendrá de las clases medias que vienen de antiguas clases obreras. Los bancos recogen las redes, y no se aventurarán en altarmar hasta que las tormentas amainen y donde antes dije “digo... facilidades” ahora te digo, primo, Diego, el grifo está cerrao. ¿Quién puede decir hoy que tiene dinero? Sospechen de las faldas cortas, los pintalabios y los que comen en Macdonald. La señora de la que antes hablaba es la de la carta número XI del Tarot. Está tranquila, por eso domina al perro con sus caricias. En fin, de nuevo se acerca septiembre y el nuevo curso y la casa sin barrer... Suerte con los compis de clases, fuerza en el recreo y recuerda al Barrio: el valiente ha sido valiente hasta que el cobarde ha querido... Quiérete, amor.
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28 Julio 2008
Y dígame, seor Almirante, ¿hay también lumiascas allá en el Nuevo Mundo? Cristobita se había vuelto a quedar traspuesto en la banqueta de la posada, apoyado en la jarra de vino que hedía mosquitos y ardores. No hay quien pueda dormir en esta ciudad cuando aprietan las calores. Había encontrado en el caldo el remedio casero al sopor: dormir borracho le garantizaba horas necesarias de sueño con que matar la espera. Había perdido la cuenta de los días que llevaba en Sevilla. ¡Don Cristóbal, Almirante! Hablaba un castellano rarito, mezclando el portugués con el italiano, y aunque los lamparones perfilaban los pliegues de su camisola, su porte acompañaba al pasado que una y otra vez refería, entre vaso y vaso. ¡Vaya papa que lleva Don Cristóbal!... ¡Yo fui Virrey, yo tengo derechos que me fueron arrebatados..! ¡Déjeme pasar, que tengo pendiente una reunión con el gobernador de la Casa de la Contratación! Cada día, de lunes a sábado, se arrostraba en la puerta del caserón que almacenaba los papeles de los negocios de las Indias Occidentales para despotricar contra los que ahora manejaban el cotarro. Los sábados, que no currelaban los funcionarios, se apalancaba en la puerta de la Macarena esperando el correo real de Madrid, por si hubiera alguna respuesta a las demandas hechas al rey y los domingos, día del Señor y los señores, después de repetir varias veces en la cola de la hostia consagrada en las diferentes capillas de la Santa Catedral de Sevilla, para mitigar la pelusa, se consolaba en el Arenal, viendo las barquitas que cruzaban hasta Triana. Resumen de vida: cuatro viajes a las Indias y ahora más piojos que un perro callejero. En esta su última noche en la Nova Roma, celebraba que al fin había podido conseguir un transporte para subir a la corte a ver a su hijo. Bebía oscuramente porque los cabrones le habían conseguido una mula en la que había traído el cuerpo de un obispo muerto. Ser extranjero en esta ciudad traidora tiene el precio del desprecio cuando dejas de ser el guiri gracioso o el magnate de la pasta. Luego, en el siguiente escalón de bajada, te puedes encontrar a Cristóbal Colón calle Sierpes abajo dirección a la laguna de los álamos, con la desesperación dibujada debajo de los ojos. En esta ciudad de paredes de plata y cimientos de barro sólo hay sitio para las glorias muertas o teatreras, mientras diviertan... Que sí, que sí, don Cristóbal, lo que voacé quiera o lo que voacé diga, pero no se me ponga delante del puesto que me espanta a la clientela y hay mucha tensión que aliviar en estos tiempos de crisis. Que yo le tengo mucho aprecio, pero mi rey, mi jayán, me ha limitado el crédito a su persona y si no hay material argénteo por medio va a tener vuencencia que liberarse solo las preocupaciones. Allá se le veía caminar por entre las gradas de la Catedral farfullando en genovese, con la capa arrastrando y
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14 Julio 2008
Vivimos un mundo extremo y desesperado que normalmente no nos satisface, sin miedo a que nos llamen quejicas por decir que lo que tenemos, o no tenemos, no colma nuestra sed ni calma nuestra ansia. Para los que no nos dejamos en manos de salvadores el panorama es bastante diferente al de aquellos que, como decía el anuncio, asumen sus contradicciones. Somos un cúmulo de abandonos que lastra en nuestro florecer de forma que, por un motivo u otro, o por todos, llegado el momento y sin saber por qué, todo se va al traste y no encontramos explicación. Hace unos años descubrí a Mircea Eliade, un historiador de las religiones, que planteaba la visión de los pueblos desde la perspectiva de los que tenían Historia y los pueblos no históricos. Los segundos vivían una suerte de vida armónica en que todo tenía un sentido porque, básicamente, todo consistía en repetir la vida de los dioses, no hay urgencia, no hay deseo de cruzar el más allá, todo es aquí y ahora, y siempre es nuevo, y lo muerto trae vida consigo. Los otros, los pueblos históricos, podríamos leer “occidentales”, arrastramos el peso de nuestra identidad forjada en la fragua de la Historia y sentimos el desasosiego perpetuo de que a pesar de conocer nuestro pasado no nos sirve para aventurar nuestro futuro. Paul Gauguin, intentó, sin fortuna, liberarse de esta cadena intentado ser un hombre salvaje que no supiera leer, que no supiera de Dios ni antidioses… Fantasía burguesa. Últimamente, sin embargo, se ha abierto ante mí un nuevo camino antes mis ojos. Quizá ya estaba ahí pero no supe o no quise entrar en él, por miedo a que quitara seriedad a mis razonamientos. Me refiero al mundo sincero de las intuiciones. He llegado a la conclusión, sin que sea tomado como axioma ni como la “vocecilla interior” que llevó a Sócrates al Vodka con cicuta, de que las intuiciones son un razonamiento más rápido que se nos ha dado y que pertenece a ese mundo que solapamos con nuestras obligaciones. Decimos que el cuerpo habla cuando es la cabeza realmente la que manda la señal; no nos fiamos de algo y no sabemos por qué… A veces, nos traiciona, pero para mí es porque interviene, intentado controlarlo, nuestro lado histórico, occidental. Hablo de esas pequeñas intervenciones que hacemos en la vida diaria llevados por un sentido común basado en un pequeño vértigo y en una profunda satisfacción cuando comprobamos que sí, que funciona, que no es magia, que es la vida que ocultamos bajo las ropas… Sean fieles a sí mismos, a nadie más. Escuchen al mago que todos llevamos dentro. “El mito del eterno retorno”, Mircea Eliade.
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9 Julio 2008
Puede llegar un siroco y barrer los restos del naufragio. Las piezas del venturoso galeón esparcidas como si fueran el juguete roto de un niño. Puede llegar una lluvia de verano y arrastrar con los pilares de tu casa y verte en la calle con lo puesto y el móvil en la mano, buscando al perito del seguro. De nada sirvieron los esfuerzos por hacerte un hombre de bien, hermano. Víboras y espumas que salgan de tu boca tendrán más efecto que la cordura. Saca el hacha de guerra que se avecina el décimo de caballería y toca defender el terreno. Hombre blanco, hombre indio. De hombre currito a entrampado, de aquí a ruina, que ni salir puedas, de tantas trampas chicas. De la ruina viene el agobio y la desesperación: ¿quién se atreve a decir que tiene la salvación...? Aquel castillo que tantas muertes infringió, hoy se defiende, valiente, desangrando sus murallas pequeñas piedras y arenillas, y sus paredes llenas del hollín de las candelas, como escenario de una actividad cultural veraniega. Como aqueste Mercado de Triana, otrora Castillo de San Jorge, donde pueden servirte un kilo de orejas de marrano, un cuarto de muslo de sarasa y la mitad del cuarto de callo real. La mulé va y viene, como el Guadiana. ¿Quién se compraría un pisito donde antes hubo una prisión? Conozco el caso de una prisión real que con el tiempo devino en cárcel bancaria, rodeada de puestos de marcas. Mal Feng Shui te entre en tu casa, constructor. Con la que está cayendo y a los unos y a los otros, sólo se les ocurre batirse entre ellos para repartir los papeles del drama de fin de curso. Será la Naturaleza la que nos ponga en nuestro sitio, y no necesitamos ser Al Gore para afirmarlo, tenemos suficientes recursos para intuirlo. Volarán las facturas de la luz y el aviso de Emasesa, las obras completas de Shakespeare y Fernando Pessoa; las riadas se llevaran tu coche, el jarrón de porcelana y las flores de tu jardín; la vida se apagará como una tele de plasma. Oscuro. Black out. Rien. Y en el silencio de la nada, se proyectará una película en súper 8. Hay una brisa fría y una luz de mañana invernal, en una playa del Puerto, paseas descalzo por la orilla. Qué raro, la playa está llena de basura. Acércate y mira bien... Una bicicleta akimoto, y otra rosa, libros (Nada, de Carmen Laforet, El llano en llamas, de Juan Rulfo). ¿Quiénes son esas gentes sentadas que me miran cabizbajos...? Hay un guardia de seguridad con un tubo de cartón: un original de Otto Pankok. Hostias, mis botas tanke. Un remolino de papeles bordea la orilla. Tickets de la compra, viajes; servilletas con anotaciones y listas de proyectos abandonados... En el aire de la mar puedo leer, en los renglones de las nubes, los cientos de mensajes de móvil que fueron... Me siento y miro todo aquel espectáculo. Cierto, el mar devuelve todo aquello que le arrojas y pierdes. Y anhelamos que al final de estos naufragios los mares nos devuelvan parte de las cosas que perdimos. Solo espero poder sentarme mirando el mar, tener tu mano con la mía y mirarte a los ojos. Y ahora venga lo que viniere, que yo me siento fuerte para aguantar el oleaje.
servido por miguelangelvargas
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