Publicidad:
Terra
La Coctelera

Artículos, poemas y fragmentos de vida hechos letras.

image

Los cojones

No se me espanten, paisanos, que todo tiene explicación, aunque sea
arbitraria. Desde pequeño no tenido “cojones” en mi carácter; debería
tratarlo con mi psicóloga (si el jandeque y el deseo de esclarecimiento
me lo permiten) No es normal, creo, que un hombre diga que no
tienes huevos. ¿Un cagao? ¿Un gililea? Mnn... Veamos. Me disculpan
la sarta de improperios pero el “no tener cojones” no implica aplicar el
noble y divertido arte del conocimiento y prédica del insulto.
Recuerdo numerosas pajarracas, zapatiestas, berrinches, cabreos y
chantajes de las gentes (familia, amigos y compañeros de los trabajos)
que forman parte de mi vida, mal que me pese, porque todos somos
parte de este cuento. También me altero, claro, me cabreo, me maldigo
cuando las cosas no salen, como todo hijo de contribuyente. Alguna
vez, quizá, puedo haber impuesto mis opiniones, y haber perdido la
compostura... aunque luego sea un lagrimita de pollo y achante el
mirlo ante el facto de la cagada. Habrá que echarle cojones a la cosa;
tú no tienes cojones; me lo paso por los cojones; me sale de los
cojones; mis santos cojones... ¿Tan grandes son los huevos de los
demás que tienen tanta capacidad de almacenamiento? Hace un par de
semana Puri me invitó a leer en la plaza la triste lista de mujeres
asesinadas por las cosas esas pegadas a los cojones que se hace llamar
hombres, en lo que va de año. Traté luego de darle vueltas a la
presencia de los cojones en nuestras vidas, en nuestras relaciones
personales, laborales y económicas... ¿Tendrán cojones los bancos?
Pensé también en cuántas veces me han querido cortar los cojones, a
mí, que no tengo huevos, imagínense. Los que tienen cojones se ceban
con los que no los tienen, eso se lo aseguro, tengo un Master en ello.
A veces, sus improperios de corazón lleno de odio e ignorancia, me
dejan hecho polvo, otras, indiferente. Y cuando mejor me defiendo es
cuando me vuelvo un cínico divertido y elocuente, cantarín bodeguero
y majareta sensato. El Cojón-Cerebro tiene sus tácticas de juego:
tuneado del volumen de su voz; automatismo de los movimientos
ligeros y secos y, finalmente, capacidad absoluta de convencimiento...
Algunos, de su petulancia arrogante, hacen un distintivo personal,
marca de la casa, y parece que eso les exime de las más elementales
normas del respeto al prójimo, las buenas maneras y el comedimiento.
En el mundo sobran cojones, y en Lebrija también, qué coño. En
reconocimiento a la labor del Foro Social de Lebrija, les aconsejo se
dejen los cojones en casa. Disfruten de la Feria... y amen, con amor.

Lebrija, 2007.

20, oct | sin comentarios Posteado por: miguelangelvargas compártelo

Escribe un comentario