Publicidad:
Terra
La Coctelera

Artículos, poemas y fragmentos de vida hechos letras.

image

A Manolo González

Golpe de la realidad que zarandea las solapas de un lunes de agosto.
Me quedo callado, parado y no sé cómo encajarlo; en realidad nunca
sé cómo encajar las muertes cercanas… Vendrán tiempos de elegías,
endechas, plantos, homenajes, publicaciones que nos recordarán cómo
era alguien que paseaba delante de nuestras napias, un personajemobiliario
urbano que pastoreaba en la plaza. Luego se instalará en
los diferentes anaqueles de la memoria: la personal, que son las
historias que cada uno atesoraremos, y la colectiva, que será la suma
de aquellas historias con las que él nos dejó escritas. Ceremonia rara
en la parroquia, creo que él se hubiera reído. Suposición estúpida,
literaria, pero lícita. Ácrata tranquilo, cercano, comentarista de las
realidades, altavoz de la Plaza de España, narrador de pequeñas
historias, niño grande de colegio interno, hubiera puesto una mueca
escéptica y socarrona a la homilía de Paco Trujillo… Habría analizado
nuestras caras, las ropas, ademanes y movimientos. Estaría ya
perfilando las líneas del artículo o relato que escribiría. Después de
una minuciosa descripción en elevado y distante estilo (demostrando
así el oficio) añadiría alguna lebrijaná para compensar tanta gravedad:
nos llamaría mayetos horteras, meapilas de sotanas, catetos de feria…
y nos obligaría a subir a la torre y reconocer cuánto desconocemos las
palabras verdaderas que definen a la marisma. Hacía mucho que
Manolo era alguien con quien me tropezaba en las calles de Lebrija en
mis vueltas de niño pródigo. Conocí a dos Manolos, el vinculado a mi
infancia y aquel con quien mantenía una complicidad literaria. Mis
hermanos y yo siempre recordaremos las excursiones a su Sierra de
Grazalema, un, dos, tres, papa y arró, cuando la vida era mirar por la
ventana del coche mientras volvías a Lebrija. No sé qué decirte, tío.
Soy torpe para estas cosas. Sólo puedo prometerte una copa en el
Chocazo mientras te cuento las pamplinas que hago y lo gilipollas que
a veces me siento. Aunque sea pa reírnos de todo un poco y puedas
contarnos a nosotros, niños del Google y los viajes baratos, que no
tenemos ni idea…pero que podemos aprender. Abrazos, tío Manolo.

 

Lebrija, 2008.

20, oct | sin comentarios Posteado por: miguelangelvargas compártelo Tags: lebrija, campo, historia, amor

Escribe un comentario