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Terra
La Coctelera

Artículos, poemas y fragmentos de vida hechos letras.

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El corro de la patata

Pasan los días y las noticias ansiosas, y los problemas siguen donde mismo estaban. Todo parece una charla de café, rumiante, en la que todos tienen la solución de los problemas, han hallado al culpable y manifiestan su deseo de colgarlo, si pudieran. No me da miedo confesarlo: estoy un poco perdido y confuso, y parece que he tomado la vía de en medio para salir del atolladero. Escribir estas líneas supone uno de los momentos de raciocinio en mi constante dejarme llevar por los acontecimientos. Se acabó hablar mal de los otros y su inutilidad, como si fuéramos nosotros ejemplo de cómo tienen que hacerse las cosas. Nos cansamos de sentir el peso de las responsabilidades y no recoger frutos si no es a costa de mal hipotecar una parte del futuro. Y manifestamos nuestro descrédito en la mayor parte de las cosas que nos intentan hacer creer. Me da miedo convertirme en un vocinglero de nadie, pero al mismo tiempo me da pánico pensar que sólo hablo desde mi ombligo. Constantemente, me encuentro con gente feliz pero arruinada, o con poco dinero, e incierto futuro; y a la vez, veo cómo los ricos y nuevos ricos, adaptan sus economías para poder seguir enarbolando sus gambones, aguacates con salmón y sus Marqueses de Cáceres. Nada como un tapón de queso manchego para tapar un agujero económico, más barato que un apestoso queso francés; una buena caña de lomo puede suplir el jamón rumano de Huelva; unos rollitos de gamba y bacon pueden sustituir a los carísimos sushis y sashimis. Pero el colmo de la sofisticación de las cenas de los constructores obligados a seguir aparentando es la cucharilla plateada de plástico. Mangué una porque tenía que contarlo aquí y en casa. Los pobres y sus eufemismos, que ya no sé por dónde vamos, volvemos a las catacumbas: a estirar el puchero del domingo, a rezar porque el niño encuentre trabajito pronto y a la niña no se le acabe el de cajera; a reírle las gracias a estos catetos por dineros y poner cara de circunstancia cuando venga el gachó con la escalera para aniquilar el suministro de la divina luz. ¿Es usted la mano de Dios? No, ¿no? Pues, entonces, se me baja usted de la escala, y me deja quieta la herramienta que ahora mismito voy al banco... Cago en la leche, que tenga uno que pasar por estos tormentos. Y luego la gente no hace más que chamullar que el Vargas es un pesao que sólo habla de la monea y sus asuntos... ¿Qué quieres, churra, que hable del circo de los que dicen que sabían y por eso cobraban ingentes sumas de dineros, y luego fallaron como escopetas de caña? Estados del mundo, acudid a mi rescate y al de toda la gente buena de este país que os dado los mejores años de su vida para hacer carreteras, hospitales, cuerpos de seguridad... No confiéis en ellos, los Bancos y usureros... Dios mío de mi alma, qué haría yo con tantos miles de millones, qué de agujeritos tapaba... Antes que nada, mi buena acción del día: comprarle el Betis a Lopera. (Jaimito, el filósofo de la Mancha, dixit).

21, oct | sin comentarios Posteado por: miguelangelvargas compártelo Tags: crisis, dios, churra, dinero, marquesdecaceres, vocinglero, lopera, bancos

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