Salto de mata
Vaya, aún todavía no nos hemos ido al carajo con el follón de la crisis. Y mira que los que escriben los titulares de los periódicos y noticias de la tele tienen ganas inmensas de escribir frases apocalípticas del tipo: “Se acaba el jamón”, “China compra los bancos para hacer bazares” y “Todos al PER”. Pero hoy, como el mundo no se acaba, y tenemos que seguir viéndonos los caretos para mentirnos, he decidido enmendarme de mi constante ataque a diestro y siniestro, tratando de explicar mi actitud. Para empezar, estas letras habría que leerlas con una copa de fino el Chocazo en la mano, o con una mano en la cintura de tu amor, o un plato de garbanzos enfrente. Es decir, prohibido leerlos, acompañados con café y tostada por la mañana. Si le añades una sonrisa al café y apagas la tele, a lo mejor podrás contagiarte de su energía caótica, pero te aconsejo que los leas en parroquia. Segundo, la ironía es esencial, para hacer una puchera en período de dieta y para pillar algo de lo que decimos, en plural mayestático. No se aceptan directrices ni generalizaciones de arriba, ni de abajo, ni de en medio... a no ser que las generalizaciones sean verdades de perogrullo: “el pan de antes era mejor”, “las penas unen más que las alegrías”, “qué calor hace” y “vaya, cómo está la cosa”... Decir “te quiero” es una táctica de guerra que desarma a los entendidos, a los mandamases, recomendados y enchufados varios: quien no tenga huevos de decir “te quiero” a alguien merece la inquisición, un mes escardando remolacha con una cucharilla de café o unas vacaciones en la Señuela, pintándola. Si me ensaño con alguien (socialistas, comunistas, cofrades, evangelistas, futboleros, peperos, andalucistas, cazadores, ciclistas, teatreros, jipis fumadores...) es porque los quiero, al entender que la caricatura es una forma de homenaje y reconocimiento... Al igual que ellos tienen todo el derecho del mundo mundial a reírse de mi, y ponerme a caldo, con caldo de la tierra preferiblemente. Y así, todos nos queremos más si nos reímos los unos de los otros y no nos tomamos tan en serio, que así nos va, con tanta seriedad, que ya lo he dicho. “Puedo escribir los versos más tristes esta noche...” pero me parece mucho más difícil arrancar una sonrisa, y una carcajada ni les cuento, y más por escrito... Por eso me da alegría, cuando voy al pueblo, ver las montañas de periódicos en los bares, llenas de manchas de café, miguitas de pan, lamparones de aceite y olor a tabaco. Somos manteles de la realidad, somos el soporte entre la barra y la tapa de carne en salsa... Qué mejor destino para un periódico que servir de cartucho para castañas pilongas, una docena de huevos o un rollo de cartulina. En fin, pido públicamente perdón si con mis palabras he podido ofender a alguien. Ya está dicho. Ahora, cuando me quieran partir la cara podré enarbolar mi cartucho de brevas con la página del Periódico de Lebrija donde me enmendaba. ¿Sabían vuecencias que Lorenzo Leal fue perseguido a tiros en la calle de las Monjas por defender desde “El Cronista” la reforma agraria en la marisma? Ma
