Fin de fiesta
¿Qué hacer, Dios mío, con la que está cayendo y la que se nos viene encima? Si siendo personas honestas, serias y respetadas no hemos conseguido alcanzar el nirvana de la satisfacción personal y social, habrá que tomar otro camino para llegar a las metas. Y lo he pensado: a tomar por culo la seriedad. Sin llegar al punto de perder la compostura y el sentido del ridículo, ni ser un mangante o un drogata irredento, quiero pensar que con un estado de permanente exigencia de alegría, derroche de energías y fiesta compartida podría alcanzar mayores metas que con la actitud de comedimiento y dependencia. ¿Será posible mantener este estado para conjurar los malos agüeros de la pecunia? ¿Por cuánto tiempo? ¿A qué coste? Fiestas, juergas, cenas, salidas, noches... Frente a la acumulación de facturas impagadas, dos botellas del mejor tinto arrebatado al saldo de tu prima Visa; contra el agobio por el estiramiento del exiguo sueldo que te pagan como administrativa en una constructora en trance, tres noches frente al mar, desnuda, con la persona que amas, como si el Fondo Monetario fuera a llevarse la luna para pagar los agujeros de las hipotecas basura... Rompe la hucha, llena el depósito antes de que vuelva a subir el diesel, y dirige el coche hacia ese pueblo al que siempre quisiste ir, pero al que las responsabilidades que te hicieron adquirir postergaron a la lista de cosas por hacer cuando la cosa se pusiera buena. Proclámalo: este mundo se acaba, al carajo, el que venga no podrá ser peor. No tengas miedo, no abraces ninguna religión, abraza al compañero y celebra que mañana no tendrás que pagar el recibo del nuevo mac que te mandaron de América... Hola, buenas, ¿el señor González? No está, no sé cuándo vuelve, a ido a sacar a paseo a una tía suya, a hacerle el amor a su amante o a tragarse tres películas en el cine... Pero, ¿cómo se lo permite? No sé, es un misterio... Camina bailando, habla como si fuera a cantar y si se lo permites te susurra un fandango que destruirá el orden en tus archivos... Ventajas de la nueva revolución por venir: no hará falta destruir los registros de la propiedad, quemar los sujetadores, correr delante de los grises como si fuera San Fermín. Tampoco hará falta ponerte un pañuelo rojo y negro, levantar el puño y desgañitar la Internacional socialista... Será más fácil que todas esas mentiras. Bastará con desaparecer en el fragor de la batalla carnavalera, seguir el ritmo de los tambores y dejarte seducir por los primeros ojos que te apuñalen. Ser invisible para que ningún indeseado te encuentre en este momento de continua vanidad actual. Así, una vez tu cuerpo transformado en un altavoz de la alegría y el ritmo, extasiado por aquello que te ayudó a alcanzar la luz, poco antes del amanecer, con el ruido de fondo de la feria, llegues al convencimiento de que quizá te arruines en esta búsqueda majareta pero... ¿y lo que te llevas al Cortijo Los Callaos? Que yo no quiero dinero, prima, lo que quiero es que me quieras lo mismo que yo te quiero...
8, sep | sin comentarios miguelangelvargas compártelo Tags: cortijo, nirvana, visa, fiesta, juerga, tinto, socialista, sujetador

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