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La Coctelera

miguelangelvargas

8 Septiembre 2008

Federico el Mago

Entraba por la puerta y tenías que mirarlo, de puro magnetismo. Grande, de azules ojos, las manos con restos de sangre entre las uñas. ¿Era consciente de que no era de este mundo, bueno, del mundo que empezó a crearse cuando el suyo empezaba a desaparecer? He visto enrojecer a mi abuela al oír un piropo suyo. Para los que no lo conocieron les diré que se presentaba al nombre de “Federico de Vicente, mataor de toros por la gracia de Dios” y era, por supuesto, el más embustero de los lebrijanos. No creía en el dinero, al menos no parecía llevarlo encima, pues era el trueque su modus vivendi: lo que cobraba de un sitio, lo empeñaba en otro, y luego esto mismo le servía para cerrar un trato... Siempre venía de otro lado (de matar seis toros en el Puerto; de haber estao con su amigo no sé quién...) y nunca sabías adónde se dirigía: Matahacas, dile a tu bato que mañana voy a verlo. Aparecía a la semana siguiente con una escopeta de caza, una montura, unos botos, unos zahones... que intercambiaba por un perchero de cuernos de ciervo, por ejemplo. Tenía múltiples oficios, según la circunstancia; talabartero, dibujante, capador, matarife... El que más me gustaba: mago. Culto y supersticioso, al cuello una ristra de medallas de santos y vírgenes, aún recuerdo cómo ante dos incrédulos viajantes, cortó una corbata que volvió a unir no sin antes invocar a los dioses: San Benito, tú que acuestas con la Virgen de Palomares... Siempre lo cuento y el personal no me cree. Su mundo eran las vereas, su lenguaje un cultísimo caló sazonado de términos taurinos. Mi vida quedó fulminantemente prendida de la suya la vez que lo acompañé en una de sus peregrinaciones consentido por el atrevido de mi padre. No había cumplido los diez años y allá que me vi recorriendo las tabernas y quioscos más variopintos, a su lado, escuchándole. Me devolvió a mi casa harto de fantas, con un tambor y una trompeta que, por supuesto, no había pagado. La última vez que lo vi, con su traje de peregrino (la camisa llena de sangre, sombrero y vara de mimbre), me dibujó un toro en diez segundos, y me aseguró que tenía unas botas en su casa para la que entonces era mi novia... Vivir con un personaje como Federico no debe ser fácil, supervivientes como son de sus propios naufragios. Me pregunto si sería capaz de adaptarse al mundo de hoy, donde ser un personaje es casi lanzarse al abismo del desprecio, cuanto más, o al del olvido, por pasotismo. Hay lugares que tienen un aura por sí mismos, sin la excesiva presencia de la mano del hombre, pero hay otros que son la suma de las historias de sus hombres. Será la distancia, será que cuando vuelvo al pueblo, no consigo reconocerlo porque lo van destruyendo, será porque nos hacemos mayores y dejamos de estar. Los muchos que lo conocieron y aprendieron de él, debería unirse y beber una copa en su nombre y, si acaso, dedicarle una calle o una plaza.

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brenda

brenda dijo

hola fede ss un kapo especial mente en la magia no aparte ss re lindo me encanto la magia que hisiste en el sindicato petrolero del festejo del dia del niño... aparte de eso cuanto cobras para ser magia en un cumpleaños de 15...bueno me voy despidiendo te mando un besoOOoo

8 Septiembre 2009 | 03:20 AM

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