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Terra
La Coctelera

Artículos, poemas y fragmentos de vida hechos letras.

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Camino de vuelta

Cerrar el quiosco, hacer la maleta y najarse lejos, para darse cuenta que, incluso estando en Londres, perdido por las carreteras de las Marismas o buscando el remedio contra las ansiedades, llevas tatuado en la piel, como el azogue de los condenados, la razón que te hace huir. No hay que ser un fugitivo de la ley para entender esto, hay que vivir un cierto tipo de vida y perder, naturalmente. ¿Cuándo vienes? ¿Qué traes? Llegaré cuando pueda, no antes, a no ser que me vea con el culo al aire y entonces aligere el paso para sentarme a tu mesa, achantar la mui y decir: soy yo y así voy eligiendo vivir. Traigo problemas de los que desprenderme, si no para qué vuelve uno. La cosa está que arde, lo noto en el salpicadero del coche. ¿Será que la calor es mala amiga de la paz? Las ciudades del sur están llenas de locos que se les fundieron los fusibles un agosto del 87 y andan buscando recambios sin fortuna. Los majaretas de los pueblos se levantan temprano para seguir la sombra de las paredes. Con estos no hay estridencias ni nada que temer. Llega el verano y casi todos se las piran. ¿Quiénes son éstos que se quedan? Básicamente los que no habiyelan dinero para cargar las pilas de sus cuerpos. Puto dinero. Más de media España anda a la desesperada tratando de rebuscar haberes para poder pagar las vacaciones sin sufrir un descalabro en sus presupuestos. Sigo sin explicarme cómo lo hacen: septiembre, el cole de los niños, libros, uniformes, matrículas; Puente de la Inmaculada, Navidad y Reyes; Carnavales, Semana Santa, Feria y Rocío... y, finalmente, vacaciones y vuelta a empezar. Hay pobrecito de aquel, que no luce piel morena, siempre mirando a los demás, como arrastrando una condena. El verano puede ser feo como la reja de una mercería de barrio, sucio como un taller y deprimente como no tener un plan que te ocupe el vacío. Los que han vivido el verano del asfalto desarrollan estrategias para rellenar el tiempo hasta que llega la noche. Bajo el chorro del aire acondicionado y en la oscuridad de las persianas bajadas propongo lo siguiente: no salgas a escuchar por qué doblan las campanas; refúgiate en la lectura con un helado y busca películas que ocurran en invierno. Digan lo que digan, el verano es para los que pueden, el resto sólo podemos contentarnos con la fantasía de algunos días libres y espojarnos los pies en la orilla pensando en no coger caravana al volver a la jungla de asfalto. Dan ganas de liarse la manta a la cabeza y tirar por la calle de en medio, volver la espalda a las realidades, vivir de forma más simple, aprender a decir que no y no huir. Ahora lo sé, amor, las campanas tañen por un final que se cierra, y un comienzo que se avecina, preñado de lluvias y temporales, que se lleve el polvo del verano... Los flamenco jalean “¡agüi!”, que es la miel, para celebrar el compás, que es la norma. Vengan la pañí y la agüi para adornar las ganas de frescor de este verano, y si tienen que huir, que todos somos humanos, que sea de la desesperación.

30, jun | sin comentarios Posteado por: miguelangelvargas compártelo Tags: agui, historia, crisis, pani, asfalto, semana, santa, jungla, helado

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