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Arate
Mal arate. La identidad no es más que la narración interesada de aquellos episodios que nos han marcado. Según la circunstancia seleccionamos una parte u otra de nuestra vida y allá que soltamos carrete al respetable y afirmamos, sin lache o con ella, que somos lo que haya necesidad de ser: andaluz, bético, apasionado del dominó, fontanero, gitano ceutí, nacionalista catalán de origen extremeño, pepero con novia sociata, matarife de rancio abolengo, hijo de un político o trompetista en la banda municipal. Nos hacemos la picha un lío y convenientemente somos capaces de justificarlo porque somos así. ¿Y cómo somos? ¿Hay alguien en este mundo capaz de seguir a pies juntillas una única forma de ser? De mi casa al corral, luego al campo y a la playa; en medio, yo era de mi calle (grandes batallas de cartas y cojinetes entre la gente de la Cochera); por ahí fui enterándome lo que era vender cal, a la vez que Indiana Jones me insuflaba el aliento aventurero de la Historia. Quizá, entonces, mi mundo era mi bicicleta, que compré con lo que me apropié de mi comunión. Luego, fuimos boyscouts, de Lebrija, y eso fuéramos donde fuéramos, marcaba diferencia. Brutos pero buena gente. En la adolescencia conocí a las gentes del teatro y una vez volví sin calzoncillos de Bolonia. Y ya no fui el mismo. Empecé la diáspora de ida y vuelta, cuando cuentas los años por los cursos de la universidad, los amores que te arrastraron y los trabajos que te daban un nombre entre los demás. En la distancia del origen, la identidad se perfila, gorda, como los dibujos de los cómics. Y a veces, entonces, simplificamos. ¿Qué nos define más: un curriculum vitae que hacemos para una entrevista de currelo o la narración de los cargos en cuenta de la libreta? En una mentimos de verdad, porque nos lo exige la boquiné, y en la otra, podemos leer los estragos y marcas que la vida nos deja: el cargo de la Visa y el agua, junto a la horita y cantidad que hemos dispensado para pagar las eventualidades. Buen arate. Vivir bien es fácil, tío. No tienes más que seguir el rastro de las miguitas de pan que dejaron por los caminos tus ancestros, quienes quieran que estos sean. Elegir el buen camino de la respetabilidad, que es como una autopista, aguantado el chaparrón, y tú, que digan lo que quieran que yo soy tal y duermo en mi cama. O bien seguir el camino de tierra de las intuiciones y del partido del corazón, y cuidado que no soy Paulo Coelho. Es un camino fácil, lo complicado son las personas que están en él. Ser lo que uno quiere frente ser lo que uno debe. ¿Te perderás? Seguro, primo hermano. Y dirás tonterías sobre quién eres. Hoy estamos de enhorabuena, España se ha currao la buena estrella, eso nos une en algo, aunque no estimes el fútbol como panacea a los problemas. La economía es como las personas, racionales e impulsivas, a la vez. Aunque callemos, somos un poco de todo: artista, dependiente o cocinero para los amigos. Lo importante es que la sangre corra fuerte por las venas. Arate: sangre.
24, jun | sin comentarios miguelangelvargas compártelo Tags: identidad, historia, boyscouts, economica, lebrija, sangre, curriculum
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