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Tristeza
No se entiende cómo ante tamaño decaimiento general las turbas, tan dadas a la expresión exaltada, no habían sacado algún santo en rogativa por la buena marcha del país. Ay, San Cristóbal, ¿dónde te metes? El que esta crisis nos venga en este momento, para mi, que de tantas cosas no sé, tiene su explicación. El de ahora es un periodo ralo en celebraciones tumultuosas, es un momento bisagra, ni chicha ni limoná. ¿Dónde vas a comparar un 11 de junio con, por ejemplo, un 17 de abril? Son cosas que pasan en la vida que se escapan a nuestro dominio. ¿Por qué ahora y no después? Hagan la cuenta del número y tipo de fiestas que nos espera en las próximas semanas. Excepto San Juan, que de todas formas no es más que un desprendimiento ritual de lo que sobra, no encuentro ninguna fiesta para ocupar los primeros puestos de elementos de desviación general de la atención. Es decir, no estamos en un período eufórico, de exigencia general y universal de alegría, de estos momentos de cuando todas las televisiones cambian la configuración y decoración de sus programaciones para recordarnos continuamente la obligación de estar pletóricos, radiantes. Confeti, guirnaldas, farolillos, matasuegras, champán, gomina, colores, estampados, no son palabras que acompañen el sentir actual, desesperados como andamos buscando agua entre los estantes de los supermercados. No es cuestión de ser de derechas o de izquierdas, porque en este momento es como si a los socialistas les crecieran los enanos y los conservadores no encontraran la horma del zapato con que plantar cara al descrédito. Hay algo, sin embargo, que para mi esta claro: hay que hablarse, no podemos permitir que el desasosiego nos haga obcecarnos en la desesperación y el ensimismamiento. Estoy triste, sí, pero no me he muerto, carajo, dejadme estar así, con mis cosas. Lo que quieras, tómate el tiempo que quieras, que si tiene que ser... será, si está de Dios, está de Dios, y punto. Me alegra saber que la tristeza es un sentimiento que no cuesta dinero, es gratis, es por eso que no forma parte del lenguaje de los bancos, al contrario que la alegría, como diría las Niña de los Peines: si quieres que te quiera, dame doblones, que son moneas que alegran, a los corazones. Las alegrías brillan con luces ajenas y hay tristezas y tristezas, y cada una tiene su no sé qué, su tiempo y su forma, no haré una lista del rosario de la aurora ni del catálogo de sentimientos. Cada uno tiene sus pequeñas alegrías con que consolar sus muchas tristezas. Que el ojo coincida con los ojos, es decir, que en medio de la fiesta, encuentre tu búsqueda reposo a tus ansias, que los aplausos en lata desaparezcan, que nadie se sorprenda por los suspiros, que nadie se sorprenda de sentirse triste. A pesar de todo, sé que estabas ahí, hermano, amante, amigo. He tenido que sufrir toda la alegría de este mundo para que nos encontráramos en la tristeza, juntos, frente al espejo.
16, jun | sin comentarios miguelangelvargas compártelo Tags: gomina, matasuegras, bancos, monedas, ninadelospeines, historia, ruina, farolillos, tristeza, crisis
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