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La Coctelera

miguelangelvargas

6 Mayo 2008

Lebrija

Tantas cosas... por hacer, por descubrir, por leer, escuchar y ver. Tanto que cada vez me obsesiono más por seleccionar lo futuro y purgar las espinas de los tiempos perdidos. Soy de los que está continuamente volviendo, que no es lo mismo que estar de vuelta, aunque sean primos hermanos. Aquí y allá –más allá de la Marisma y la Campiña- me doy de cabezazos para conseguir lo que imagino, y claro, no uso un escudo-espejo como hizo Perseo para matar a la Medusa, cuyo horrorosa jeró petrificaba a los mortales. Me quemo, constantemente. Soy lo que fui y lo que voy siendo. Arúspice de datos, desde el billete del tren Sevilla a Lebrija, a la factura de la luz por pagar; desde La Patria de Nebrija a la biografía de Lorenzo Leal, de Manuel Pacheco Catalán. ¿Alguien tiene una edición del Tratado de armas de Luís Collado, el de la calle Navarra, la de la puerta del Colegio de la Caridad? La receta es fácil: seleccionas varios datos y cocinas un discurso: la Medusa, la nébride, Luís Collado, ingeniero militar, papas pa los chocos, vino del marqués para cocerlos, juntos... y especias de color, de color negro. Tomen nota, no es nuevo pero no es suficientemente conocido. Copia y pega: El Demonio duerme en el cuerpo de los gitanos y se despierta con la Zarabanda. Aviso. En la Venta del Caparrós a media legua de Lebrija a 9 días de julio de 1781 = Danzas de la Aurora. Andrea la del Pescado = Mojiganga del Caracol = Zarabanda = Cuatro parejas de hombres y mujeres”. Unos los usan, estos datos, para hablar de la génesis de flamenco. Añadiría más: La cuesta del Guineo. Cito de memoria, pueden cotejar en Bellido Ahumada: El guineo (José el Negro) esclavo liberado que había sido de Francisca Montes y Reyna, la Flamenca, se casa con una lebrijana, como él, claro, blanca... la piel, y compra en la calle Sinagoga una parte de casa, me imagino que con lo que había ahorrado con su ama. ¿Qué bailarían en su boda? ¿La zarabanda? ¿La chacona? ¿El olé?... No afirmo, me pregunto, me imagino... y abro puertas y ventanas. ¿Lebrijano negro, que había sido de la Flamenca, y que vivía en la calle Sinagoga? Negrura flamenca lebrijana postsemítica... Se me van las palabras, pero es un comienzo. El diario de Lebrija, de 1928. Don Pepito Cortines vuelve de Sevilla ( hay más perlas, vayan a verlo, está en la biblioteca municipal). Los pueblos, (ensayos sobre la vida provinciana).(...) En 1903, cuando la huelga famosa de Lebrija, todos los sirvientes de la ciudad se pusieron de parte de los huelguistas. Las mozas, instigadas y amenazadas por los novios, abandonaron las casas; las abandonaron también estas criadas viejas que llevan a nuestro lado quince o veinte años; las abandonaron a sí mismo las amas que amamantaban a los niños de los señores.(...) De Azorín. Más que a conservar la tradición, que siempre implica la congelación de un modelo concreto y su repetición, yo me preocuparía por conocer el legado, que no es de nadie y es de todos. Acercarte a él con el alma y la cabeza dispuesta a sorprenderse, como cuando sabes que te puedes enamorar. La nostalgia de lo que se fue, el ésto fue siempre así, la venerable y archiantigua tal y pascual, están reñidas con la identidad que resume estos pagos: déjate amar y sorprender, y la vida te devolverá un eco de tempestades, cielos azules y campos. Lebrija, tierra de fronteras, que cayeron, como todo caerá, como estas palabras, que el viento ya está borrando.

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