Publicidad:
La Coctelera

miguelangelvargas

5 Mayo 2008

Epistolario de la soledad

Resulta fácil ser amable y educado con la gente que lo necesita. Sólo basta tener visión diferente del futuro, un poco distante del de los nuevos emprendedores, cercano a aquel de cuando seamos viejitos y ni giñar podamos solos. Llegado al punto de desarrollo en que estamos, en que es necesario apuntar en la agenda electrónica “hacer el amor con María”, la coyunta, no sabemos muchas veces qué hacer con nuestros mayores, no sólo aquellos unidos directamente a la familia sino con todos aquellos que nos molestan con sus historias, manías y pequeños problemas. Necesitamos programarlo todo: el cole de los niños, sus ropas y cuadernos; las clases de violín; los entrenamientos de fútbol. También necesitamos calcular la cantidad de horas con que castigaremos los excesos del fin de semana torturándonos en un gimnasio; preveer los gastos de la luz, el adsl, el coche y el cargo de la Visa. Necesitamos controlarlo todo para poder disfrutar mejor de nuestro tiempo, del que nos pertenece, el que nos ha sido dado en la Tierra antes que en el Cielo: amar, viajar, gastar, de fiestas a juergas y de allí al Rocío o la Fiesta del Partido Comunista... y de pronto un día - o varios, o muchos días - nos damos cuenta de esa persona que vive al lado y comprobamos que éso no lo teníamos programado. ¿Y ahora que pollas hacemos con el abuelo? La pregunta suele venir con la apremiante urgencia de los malos momentos, aquellos en los que ellos nos necesitan. Pero ¿y nosotros, los necesitamos? Sí, ya sé que es mi tío, mi abuelo, mi vecino... pero es que ahora no puedo, me viene fatal, no tengo tiempo, he quedado con Paco para ir a la playa, o tengo una reunión del comité de Ecologistas en Acción ¿Otra vez tengo que enseñarle al abuelo cómo puede entrar en su email? Que no, que no puedes comer pipas con sal, ¿no lo recuerda usted, cuando fuimos al médico? Hace unos días la prensa destacó la noticia de que la persona más vieja de España podía ser una gitana de 115 que lleva más de treinta años viviendo en una chabola en el Vacie... ¿y no se nos cae la cara de vergüenza? Para muchas cosas somos maravillosos pero para otras somos unos verdaderos hijos de puta que aparcamos a los abuelos para que no enturbien el brillo de nuestra mentira. Pues, no señor, no son tontos ni cortos de entendederas. Explícale a tu abuelo lo que te pasa, con palabras llanas tuyas o de él, como si fueras su nieto, vamos y verás como se caen los palos del sombrajo de la programación. Los necesitamos, no sólo para que cuiden de nuestros hijos cuando vamos a trabajar o nos avalen para el nuevo crédito del coche. Los necesitamos porque sin ellos no seríamos nada, seríamos champiñones de falsa memoria plastificados y con fecha de caducidad. ¡Abuelos del mundo, dadnos dos hostias para que nos despertemos!

servido por miguelangelvargas sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Últimos comentarios

Fotos

miguelangelvargas todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera