Las casas del poeta autónomo
Recorro memorias de las casas en las que dejé parte del pellejo que me cubría...
La Venta de los Perillas, en Gibalbín, entre Lebrija, Arcos y Jerez. Ínsula Barataria de la gitanería jerezana, tropel de los fandangos valientes de los hombres borrachos en la barra donde mi abuela Manuela hacía la cuenta con garbanzos. Banda sonora de Sabicas y Niño Ricardo en la guitarra de mi tío Salvador, que los niños jugábamos a estropear ignorantes, entonces, de la genialidad del mayor de los hermanos. Mi abuelo, tirantes, vacuna a toda la prole completa, al aroma del alcohol quemado, los nietos lloramos de miedo. El olor del frío en los mañana de los sábados en los montes cercanos a la Venta... y las rebanás de pan con mortadela y aceitunas.
La casa de la tía Irene, en Lebrija. Expectadores de las manifestaciones de la autonomía andaluza y del tío de la cabra en la puerta del bar de Currillo Jarana. Y el corral, tras pasar por la negritud de las habitaciones, donde me rompía los brazos. Y la tía Irene que nos reñía... y el corral que era un mundo, lleno de cosas viejas, máquinas agrícolas en desuso, charretes desvencijados con polvo en las entrañas, y barro.
La casa de San Miguel, en Jerez. La tristeza siempre moraba en esa casa de garage, casa principal, casa anexa y azotea donde se podían casi tocar con las manos los azulejos de la aguja de la torre de San Miguel. Nunca me quité la sensación de que aquella casa era apropiación de algo que no nos debiera pertenecer. Y las cosas viejas que siempre nos rodeaban. Hay una campana de verdad en la puerta... y siempre será la casa de mis abuelos maternos.
Barrio nuevo, Lebrija, tras pasar el oscuro umbral con el grifo y la puerta trasera de la pescadería, los moscas tontas te daban paso al arco del patio donde bajo una parra mi abuelo Juan Mesa arregla una silla de anea con una cuchara. Mi abuela Micaela es bajita y chiquitita, y conmigo era un amor: sus manos acariciaban las mías como si fuera a desprenderse de este mundo y se asiera a mi: casi fue así. La puerta de la casa con tres estancias y media estaba jalonada con el jazmín que despierta la memoria de los abuelos entre mis hermanos. En la cocina, junto al servicio, estaba la tinaja donde bebía agua, a espaldas de mi madre. No recuerdo una ducha o bañera.
Oscura, larga y destartalada mi primera casa en Sevilla, en los Remedios. Feliz, pobre y artista, en mi ático del Arenal, tras la Maestranza de Caballería con mi Carmen Montaraz, y mis casi cinco plantas literarias sin ascensor... Las cosas viejas me perseguían: llené un camión entero de chismes que luego casi tiré completamente.
Coqueta, pija, trianera y moderna mi casa allende el Guadalquivir, ONU flamenca y artística, cocina siempre caliente y camas ardiendo: testigo de grandes pasiones, vivencias y naufragios varios. La carga del barco vital se acrecentó con una ingente colección de libros, una perra vieja y un juicio por torpe. Campanas de Santa Ana, Mercado de Triana y Antiguo Puente de Barcas.
En mi bunker de la casa de los padres de mi colega Moritz, en Mulheim an der Rurh, soñaba con Lebrija como un simple paisano. En aquella casa llena de arte del siglo XX, de memorias, excesos, cabezas de muñones y ciervos creaba el personaje del gitano raro e instruido, con toque flamenco lebrijano. Los lobos se me acercaban a mi ventana de noche en busca de comida.
En Can Cuadras, en Sitges, donde Susana y Pau se juraron su amor ante la Noche, sus respectivos padres y nosotros, sus amigos, regalé una representación de Consuelo, la Virgen Gitana. Tras una boda, un Vía Crucis de dolor, cante y rareza. La casa albergaba la viejura del campo catalán que se acuesta a dormir la siesta en julio.
Casas, casas, casas...
24 de mayo, 2010. Madrid.
30, mar | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Poema infantil
Tengo quince pesetas:
Una... para la hoja y el lápiz
donde hacer las cuentas.
Otra... para unas botas
¡cachis! las tengo rotas.
Dos... un pantalón,
vaquero, que duran más, señor.
Cinco... para el cuarto
cuatro paredes, cama y colchón.
Tres... para comer
lechuga, judías y filete.
Y otras tres... para mi amor:
una, para cuarto y mitad de versos
otra, para litro y medio de aguardiente
y la otra, juntar, y comprar un lecho.
Lebrija, 17 de abril de 1997
30, mar | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Entrelazado
1 de agosto, 2009.
El semilunar desea el calor del enganchoso con que decirle al trapezoide, así, de repente, y sin casi pensarlo, porque sale, como abrir una botella de buen vino, que quiere enroscarse en aquello que está en la superfice...
Pero primero, han tenido que pasar muchas comunicaciones, infinitas: imaginaos catorce falanges en lid, al acecho, ¡catorce! Perfectamente organizadas, sin necesidad de líneas rectas; de hecho, no hay líneas rectas, uniones en esquinas perfectamente perfiladas: todo es multiforme, con seis caras y con un entramado de railes por donde circulan los deseos.
Fuera, hay historia, marcas, líneas de la vida. Dentro hay humor, hay rojo, blanco...
Una veces se organizan todos, todos los que trabajan aquí, para aplicar fuerza, y sorprende, en algunos casos, la voluntad que despliegan. Otras, en condiciones de dulzura, es la superfice, llena de historia, la que recibe y trasnmite los erizamientos, las selvas, las formas. Es un mecanismo que consigue ver al tocar, es un ciego con miles de nombres.
Y luego están esas maniobras, que son las que más me gustan, cuando hay una parte de la hermandad que, alerta pero sin tensión, consigue organizarse para mantener el calor, el balanceo... y hay otra parte que concentra toda la inteligencia, el amor y la fuerza, y acuerda con otro colega el enganche, el entrelazado.
Y así, e infinatemente, me sigue sorprendiendo, cómo dos dedos índices entrelazados implican tanto movimiento, tanta organización y tanto amor.
Agárrense a las manos.
30, mar | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Allí, mañana
Una vez compré un billete de avión de Sevilla a Milano... No fui, no lo usé... En cambio, una noche me enamoré en Bolonia, Tarifa... y me desperté mirando unos ojos que dormían...
Mi hermana Mónica y yo fuimos propuestos para ir a un encuentro Internacional en Kumanovo, Macedonia... Nos quedamos en tierra.
Años después la vida y el teatro me llevaron a Pula y vi una placa a James Joyce que me llenó la cabeza de sueños... Todavía no he remado en Venecia.
En Londres, en una cabina repletas de fotos de prostitutas que se anunciaban, llamé a alguien de quien me había enamorado años atrás... "Hola, soy yo. Estoy en Londres, y me acordé de ti". Barcelona resonaba por la línea.
En Rabat, cuatro moritas guapas y jóvenes, y actrices, me hicieron sonrojarme bromeando conmigo: "Vargas, sabes que aquí en Marruecos puedes tener cuatro mujeres: ella cocina bien; yo soy ordenada; ésta es muy simpática y ésta otra hace muy bien el amor".
Unos ojos sardos. Bobalicón y emocionado, acompañaba a Manuela por las calles de Sevilla. Tímidamente, al saber que tenía historia a cuestas, solo supe decirle: ojalá te hubiera conocido antes. En China Town, ante un buffé de arroz blanco, recuerdo que me decía que yo hablaba de Sevilla como si no estuviera en Londres.
¿Serás la madre de mis hijos? Me dijo que sí, aunque los dos sabemos que mentíamos... Deseaba tener varias vidas para tener hijos en una y, en otra vida, prometer la Luna a cambio de una mirada condescendiente. Por la Alameda, aquella caderas grandes se despidieron para no volver a aparecer en mi vida, por ahora.
En Fuzeta, Portugal, me regía por la felicidad del binomio café bica y periódico español, el único que llegaba a aquel pueblecito. Más tarde, cuando ella llegaba de sus trabajos, comíamos sopa de cenoura en "A praia". "¿Sabes que és o meu marido? ¿Sabes que isto é para toda a vida? Nao contes á niguem...". Lo asumo, traiciono a la palabra dada, pero no al sentimiento, que era real, entonces.
"¿Por qué mientes?"...
Una vez amanecimos juntos hablando y no hicimos el amor. Fuera, el trac trac de los cables de la grúa indicaba que llegaron de nuevo los albañiles. Nos duchamos, cerramos la persiana y dormimos. Años después nos robamos algunos besos.
Unos ojos de color miel alborotaron mi vida un mes de julio. "Ten cuidado en el futuro, no abuses del poder". Su nombre significaba "verdad", y a veces me digo que pensaría de mi si me viera. Tiene dos ángeles a su lado.
Después de un período de sequía de cariño descubrí América, tras ella vendrías las Américas, con todos sus Estados, del alma, Unidos, y separados. En nuestra separación física, la unión se tradujo en una espiral de deseos virtuales: me convertí por primera y única vez en director, guionista y actor de mis propias peliculas porno. Jamas me hubiera imaginado tamaña liberación...
Una vez alguien me dijo "yo te conozco, te he visto en la inauguración de una exposición"... Tardé varios días en colgarme de su labio y rodear su cintura...
"Agárrate a mi...".
Aquí me quedo, una vez quise... y otra vez también, y mañana, sin remedio, volveré a amarte. Y no sé cómo te llamarás, ¿o sí? Me iré, vendrás. Irás a tus asuntos, fingiré que no me importa, y me morderé el orgullo de la palabra. Creceré cuando alguien diga: he conocido a alguien que me hace levantarme para mover los muebles.
Unas veces, seguro, me amaron, y otras...
3 de juli0, 2009.
30, mar | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Email a mi confidente sexual en San Francisco
Bitácora sensual, 13 de julio 2009.
Humedades...
Final de jornada.
Por mi talante desastroso e improvisado, son mis días una carrera de llamadas de última hora, favores de amigos y amadas, compromisos adquiridos que cumplo poco antes de cumplirse los plazos, incluso después... Si fuera más ordenado tendría más tiempo para mí: si fuera más ordenado no sería yo. La vida no es ordenada pero necesitamos aplicarle un orden: limpiar la cocina; asearnos el cuerpo, empezar con buena mano el masaje y repartir besos a mansalva antes de llegar a más.
En casa combino la indolencia de caminar desnudo y desordenado con ráfagas de orden, lavadoras y platos cocinados, sobre todo si alguien viene...
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La mayor parte de las personas con quienes hablo (hablar de verdad) son mujeres... ¿Por qué te empeñas en buscar el amor fuera cuando todo el amor lo tienes en ti?, me dice una... Cierto, le digo, soy todo amor, es lo que único que soy... pero no sólo de amor a sí mismo vive el hombre...
¿Crees que vivimos acuciados por el deseo?
Estoy leyendo sobre el amor en "The Double Flame", de Octavio Paz... Diferencia entre Amor, erotismo y deseo. ¿Cuál la función de las estructuras sociales: contener los deseos, los instintos, poseer o ser poseido?
Cuando era pequeño, en mi pueblo, y acompañaba a mis amigos a misa, porque sus padres les obligaban, era tal la represión que era entrar en la iglesia... y asaltarme los deseos más sexuales para un niño: ver tetas en los pechos de los angelitos y tratar de pensar el color del vello púbico de la Virgen.
Más pequeño aún, con cuatro o cinco años, recuerdo jugar al "69" con Micaela, la vecina de mi misma edad en el corral donde vivía mi abuela Micaela.
En la adolescencia, cuando uno aprende a masturbarse solo se te llena la cabeza de deseos por conocer concretamente cómo funciona el cuerpo de las chicas. Entonces, en mis tiempos, todavía imperaba el cine erótico más que el porno, suaves y tiernas escenas de luces apagadas y pieles de melocotón, en las que apenas se adivinaba un chocho, cuanto más una polla o una penetración.
Entré en el mundo del teatro a los 16, y ahí sí me llego la liberación, mi propia quema de sujetadores. En un viaje con las compañeros del aula de teatro a una playa casi desierta, tres días de fiestas, alcohol y mar, volví a casa sin calzoncillos, y mi madre pensó que a su niño se lo habían robado (no los calzoncillos, si no la supuesta inocencia del niño).
Perdí la virginidad en un viejo diván de un escenario de un local de ensayos... pasaron muchos años antes de que me enterara de qué carajo era un coño, y qué coño se podía hacer con él.
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Ayer me aconsejaron hacer una lista con las cosas que me provocan ansiedad y bloqueo... y no sé por dónde empezar, no sé si serán muchas o pocas. Prometo hacerlo.
El deseo me bloquea. Quizá será el bloqueo por no conseguir lo que uno desea... ¿Y cuáles son mis deseos?
Mnn... viví rodeado y en contacto con muchas de las mujeres que amo y he amado. No hay normas para el después de las relaciones, cada persona es diferente, y cada persona es diferente en cada momento. Muchas con las que he convivido, aprendido y vivido intensamente, de las que estuve perdidamente enamorado pero no me correspondieron, muchas... son grandes amigas, y se preocupan por mi y por mis rumbos.
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Trato de escribirte como lo haría al hablar delante de un café o de una copa de vino, sin rumbo, hablando de la vida y de mi historia, que es la de mi búsqueda, una vida alrededor de las mujeres que me amaron, me aman y amaré...
Estoy enamorado, claro, llevo así mucho tiempo... pero cada vez entiendo más mi amor como una cosa mía, que sale de mi, y que el objeto de mi amor me quiere, a veces me ama, otras, va a sus asuntos y sigo dando lo que soy.
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Seguro que tienes una risa que llena la habitación, seguro que cuando haces el amor tus cabellos son como mil brazos en tu cabeza que arañan la cara de quien te besa... Seguro, no sé, tienes porte de amazona.
Es una obviedad, pero me encanta hacer el amor... De estas veces que sientes una unión especial con el otro, y no tienes que demostrar nada, y su cuerpo te hace estremecer tus últimos músculos, tus últimos suspiros...
¿Se nota mucho que hace tiempo no hago el amor? Estoy saltando a la palestra, sé que hay mujeres que me miran, a veces me descubro roneante, zalamero y me avergüenzo... Falta de práctica.
Soy un ser lleno de amor y de deseos
29, mar | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Carnavalero
Decir que hay un fuego, de altas y grandes llamas, en el que reyes, obispos y pueblo se
queman, democráticamente, como chicharrones en matanza navideña, es tal vez decir
que exagero. Contarles que hay un fraile, orondo y lirondo, que sodomiza alegre y
lascivo a una peluda cabra es quizá pasarme, por los adjetivos, digo yo. En fin, de lo
primero pueden dar cuenta en cualquiera de los cuadros y retablos de Ánimas Benditas
del Purgatorio de nuestras católicas iglesias, como el impresionante relieve de la Capilla
de las Animas de nuestra Parroquia. Abruma ver a tanto obispo y rey chamuscándose
como un tizo, y no lo digo con anarquista pasión, sino más bien como un niño grande
que juega con las cerillas y de pronto quema las enaguas de la mesa camilla. Que yo
sepa, aunque de esto sabrán mucho más que yo, lógicamente, los que la vivieron, en
Lebrija, y en otras aldeas de España, como Sevilla, por ejemplo, no hay carnavales
desde que las hordas franquistas arrasaron con el derecho universal a la risa, y desde
entonces a nadie se le ocurriría reírse del bigotazo del teniente de la Benemérita, que es
un decir. Con el tiempo, solamente hemos podido crear algo parecido al Carnaval la
noche del 31, o cuando se programa una actuación en el Teatro Juan Bernabé de los
grupos que ese año hayan ganado en el concurso del Falla. Todo esto viene porque trato
de buscar respuestas al hecho de por qué no tenemos carnavales en muchos pueblos.
Imaginemos por un momento que, en un tiempo concreto, la sátira, la parodia y que
nada haya tan sagrado que no permita ponerlo de vuelta y media, se conviertan en los
ejes de nuestra convivencia democrática. La forma de hablar de nuestros políticos y
periodistas, el cotilleo de la panadera y el morito que trabaja en la Marisma, el caos que
reina en el Ambulatorio, los nuevos proyectos urbanísticos, los centros comerciales, los
quioscos, las tascas, los bancos, los viejos, los sacristanes, los mariquitas, los sociatas,
los de la banda, los bodorrios, los pijos del pueblo, los señoritos tiesos y los nuevos
ricos y sus zapatones, el charcutero y la niña mona que trabaja en la zapatería, los
cofrades y los anarcoporretas, los municipales y los técnicos del ayuntamiento, los
paraos, los pelotas, los pringaos y los lumbreras... Totum Revolutum. No dejar títere con
cabeza, todo es risible... Como lo hacemos en los Juas, pero más. Creo que lo
necesitamos, por nuestra salud mental, como higiene pública para desinfectar los
alcantarillados del alma. A menudo pienso en la libertad con que en Estados Unidos
despellejan a sus políticos, aunque sé que hay políticos que le temen a un cómico como
a una vara verde, y por éso los boicotean, como a Boadella. Pienso en Michael Moore, y
cómo de la abusiva venta de armas a diestro y siniestro, y del inexistente sistema
universal de salud, el tío ha hecho dos documentales que nos arrancan las risas mas
corrosivas y las lagrimas mas impotentes. Hay pocos ejemplos en la España actual de
esta mezcla de cojones e inteligencia que es la vis cómica. No diré la tontería de que no
tenemos libertad pero sí diré que, muchas veces, estamos atados (autocensurados, más
bien) por un sistema en el que disentir y criticar nos congratula un destierro del reparto
del botin de subvenciones, contratos y favores. Y pienso en la luz de Cadiz, una ciudad
gobernada por el PP, que no tiene más remedio que tragarse los sapos que con arte,
gracia y salero les mandan desde las tribunas del Falla. Vayan estas letrillas en
homenaje a Andres, mi sacristán favorito, que me hacia reír como nadie en una Iglesia,
a quien he visto limpiar un Cristo mientas cantaba alguna letra de la Pantoja.
Lebrija, 2008.
20, oct | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Capellanías
Dios no entiende de colores ni de formas, por eso la economía espiritual
de sus magos fue tan variada como inasible. Del manejo del sucio dinero
de sus feligreses los egregios padres de la Iglesia supieron construir
templos a la gloria del que todo lo ve. El camino del dinero, desde las
sucias manos del gañán y el pegujalero, consistía en un laberinto de
contratos de humo, donde el creyente se comprometía a pagar por la
purga y limpieza de su alma después de su muerte. ¿De quién son estas
iglesias, Miguel? Veamos. Cuando uno intenta reconstruir el sistema
económico que hizo posible tal derroche y demasía de arte y artistas,
pues pocos hacían sus imágenes, altares o templos por amor al Arte o
devoción a tal creencia, que lo hacían por sucio dinero, normalmente se
encontrará con la palabra “capellanía”, una suerte de inversión-hipoteca
con que las clases pudientes se aseguraban una parcela de tierra bien
comunicada con las autopistas del cielo y con una estupendas vistas al
barranco donde se chamuscan las almas lascivas. Como la gente por
entonces tenía la mala costumbre de morirse de repente y en masa, por un
resfriado mal curado, que es un poner, y como los curas de entonces,
sobre todo los más ignorantes, caraduras y corruptos, andaban a la gresca
con que había que acordarse a toítas horas que no éramos más que heces,
gusanos, polvo y huesos secos, en fin, como nos moríamos y además nos
lo recordaban, el miedo a que tu alma no fuera a sentarse a la derecha del
padre hacía que el personal soltara la guita y fundara una capellanía. Y
entonces un curita o dos, o los que fueran menester, en base al monto de
la capellanía, rezaban por tu alma, los días acordados, y se comprometía
a dar las misas a cómodos plazos 30, 60 y 90, y así, sucesivamente, hasta
el final de los días. Y como las capellanías eran un dinerito que dabas sus
intereses hubo algunas que duraron más que un martillo enterrao en
manteca. Y es más, hubo curitas listos como linces que supieron hacerse
con varías capellanías, y vivían mejor que un cura, que aquellos que no
tenían los beneficios de las capellanías. Todo este sistema se parece que
apesta a esos negocios actuales de los paquetes de hipotecas basura con
que algunos se aseguran el paraíso en el cielo y en la tierra. Normalmente
las capellanías estaban suscritas a una tierra o a la producción de una
tierra, y es aquí donde voy con toda esta alambicada explicación que ya
me cuesta. Imaginen. Capellanía de José Jarana de Vargas Bellido y del
Ojo, que es otro poner: él puso tanto, para fundarla, con tal cura, y tales
patronos cuando faltara, y además le añadimos el tanto por ciento de la
producción de esta tierra mía. Y de ahí resultará que el pobre que trabaja
en esa tierra, que no tiene Capellanía, está pagando a una caterva de
sátrapas y él sin enterarse. Y que además, y esto es lo que interesa, de
aquí se pagarán las obras de los altares, cuadros, relicarios, trajes,
cortinajes, frescos, bóvedas... ¿Quiénes pagaron tus barrocas Iglesias,
Señor? A mi compare Rouco Valera.
Lebrija, 2008.
20, oct | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
Letras en rojo y negro
Negro. La historia del barrio de San Luís en la Macarena es la de
una parte de la ciudad que se mueve entre “la construcción de un
sueño” y la de una pesadilla que desangra los restos de su memoria.
He estudiado, vivido y trabajado en sus calles. He visto destruir
manzanas enteras de edificios, he visto cómo millones de euros se
gastaban para tratar de dar una imagen acorde con la “ciudad de las
personas”. En esa foto no entraban determinada calaña de gentes.
La gente sólo se desgarra con la historia del fajín de Queipo de
Llano. En este barrio de artesanos cofrades con goteras en sus
carpinterías centenarias el polvo lo inunda todo. Es un polvo que no
se quita fácilmente, por más que lo limpies: es el polvo de los
entresijos del progreso: obras, derribos, camiones... y muchos
viejos solos, mucho meado de gato macho, muchos esconchones en
las paredes de iglesias, conventos, viejas fábricas... De la historia
del desalojo del Centro Social de Casas Viejas, y saltándome a
piola los tufillos retóricos setentones, me quedo con dos buenos
amigos, Curro y Santi, dos valencianos a los que ha cambiado,
irremediablemente, el flamenco, que nos han enseñado cómo las
ingentes cantidades de pasta pública que se manejan para la
promoción de la participación social es inversamente proporcional
a la cantidad de “usuarios” de los numerosos centros públicos de...
de lo que sea. Ellos, a los que no les gustaría saber que los destaco,
y mucha gente más, de muchos colores, de muchos países, de muy
diferentes niveles sociales han triunfado, aunque sea por poco
tiempo, en su batalla por hacerse un hueco en la opinión pública, al
menos lo suficientemente grande para que quepan, no los
todoterrenos en los garajes de los progres, sino la vergüenza del
abandono. Ellos, que vienen de fuera, nos cuentan nuestra Historia.
No me gustan las casas okupas, ni entiendo por qué la lucha por lo
razonable tiene que vestirse, a veces, de una estridencia musical
distorsionante y una estética tan previsible. Será porque soy un
anarquista tranquilo maniático de la limpieza. Ellos, por unos días,
como dirían las prensas conservadoras, han orquestado una
estrategia de acción que ha mantenido en vilo la vida de dos
personas que se la han, momentáneamente, jugado, hasta que la
victoria de su hazaña ha dejado de brillar cuando las primeras
páginas las han ocupado la estulticia infame de la sin razón de unos
desalmados que no tienen cojones para jugarse la vida por los
demás, ricos desagradecidos y egoístas ávidos de ajena sangre.
Roja.
Lebrija, 2008.
20, oct | sin comentarios miguelangelvargas compártelo
