3 Diciembre 2008
Se me ha callado la voz para hablar, o que me lean, en público. No me encuentro con la suficiente autoridad para opinar sobre las cosas del mundo que nos toca. Durante meses he mezclado una suerte de amargura, cabreo y ansiosa insatisfacción, y aplicándoles un traje de gramática elevada y palabrillas en caló pude arañar algunos comentarios en los bares, calles y mercados. El cuepo y la mente me piden ausencia, retiro y tranquilidad. Siente que han sido muchos años de sobresaltos y que carga demasiados "síes" que no le correspondían... Ahora ya va llegando el tiempo de sembrar mis macetitas...
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10 Noviembre 2008
Me hago eco de la alegría compartida por muchos amigos de que un negro vaya a estar al frente de los Estados Unidos de América. El optimismo que ha insuflado al electorado americano es inversamente proporcional al cuestionamiento de su valía por ser afroamericano. Está claro que uno de sus orígenes, que no el único, es el de ser negro oriundo de Kenia, y que ha conocido países, religiones y realidades que están bastante lejos de lo americano anglosajón, blanco rosáceo y protestante. Por eso me entusiasma que vaya a regir los destinos de parte de la vida de personas que sólo tienen en común con él el blanco de los ojos y lo rojo de la sangre… Tiro del hilo de las estúpidas comparaciones numéricas para llegar al final del ovillo de mi lana: si los negros llevan en Estados Unidos menos tiempo que los gitanos en Europa, qué carajo hemos hecho o dejado de hacer todos, gachés y cayos reales, afrogarabitos e indochino catalanes, para que alguien con unas ramitas de caldo calé o gallardó en la sangre esté al frente de parte del destino de las personas que sólo tengan en común el hecho de pagar los impuestos. Ha habido, hay y habrá gitanos en política, pero como siempre andamos con el culo al aire, mangando limosnilla pa los pobrecillos primillos, cuando un gitano llega a puestos de responsabilidad, normalmente le pasan el expediente patata caliente de solucionar la siempre problemática realidad de los pueblos gitanos españoles. Alguien dirá que la lucha por los derechos civiles de los negros americanos supera al movimiento asociativo gitano que desde hace años se reparte el pastel de las subvenciones para las reservas calés. Otros aducirán el natural desinterés de mis primos con respecto a la res pública, dada su naturaleza indómita, salvaje y caótica, y olvidando los muchísimos momentos de su Historia en que han tenido que demostrar con papeles que eran vecinos: católicos, con casa y con currelo, que era esto su única forma de participar. Tengo un sueño: un día no muy lejano, una mujer gitana andaluza podrá sentarse en la Cumbre de los 20 con derecho propio, y representará a todos aquellos que la hayan votado. Y si ser gitano es un hecho diferencial, que lo sea por ejemplo para enseñarle a estos catetos que nos gobiernan cómo salir adelante en una situación de apuros. Hasta entonces, Obama Fernández Vargas será una utopía.
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3 Noviembre 2008
Lleno de piedras sueltas y baches incomprensibles, la radio obedeciendo insomne al reproducir con cortes las canciones del cd, el camino presentaba varias curvas a la vista. El caminante había errado en la trayectoria. Se paró en un ventorrillo y perdió jugando al mujero. Al salir de la venta con los fondillos de los pantalones vacíos, el camino había sido sustituido por un cruce. Escogió el que presentaba una barrera y una casetilla donde cobraban el peaje del camino autopista. Aquí sí que sonaba bien la música, pues el camino había sido alquitranado y era mullidito para las ruedas. La comodidad del paisaje lo transformó en pensativo, y se vio como un intruso en su propio sueño. Ultimamente había tenido una vida llena de emociones, alguien le había dicho que le brillaban los ojos y pensó que eso era como un pasaporte o una tarjeta de crédito limpios. Por eso, y por la propia consciencia de saberse finito en su energía festiva, disfrutaba lo que le venía, como un helado o una loncha de jamón recién cortada. Es decir, circulaba por una autopista sin destino fijado y hacía memoria de sus últimas noches con sus días... La copla le susurraba: tú en una piera y yo en otra, y cuéntame tus alegrías, que las mías son mu pocas... ¿Debería entonces haber escogido el camino de los terrones? ¿O quizá el otro que tenía las huellas de los tractores? Era tarde para enmendarse, la próxima salida no se presentaba hasta dentro de unos 30 kilómetros, lo justo para el primer aviso del diesel. Estaba viviendo un sueño y estaba soñando una vida: un día, las cosas se pondrían de forma que le obligarían a recoger la que pudiera, casi lo puesto, y echarse al monte, al camino, sin un destino prefijado, buscando, seguro, la redención a tantos fracasos en la vida. Lo decía triste pero convencido que, en estos momentos, es como decir que se está contento: no sé dónde ir, no sé si mirar atrás, no sé caminar sin ti... Lo cantaba como lo había escuchado, y al sentimiento de pérdida se le sumaban el de sentirse un poco pelele en manos de un titiritero. Soy una víctima responsable de mi perdición, lo escribo y lo firmo... A lo mejor la gente piensa que estoy loco, ligero de cascos. Así pensaba cuando los azules carteles anunciaban la salida en dos kilómetros. ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer? Se repetía esa frase de no sé qué santo de no hacer mudanza en tiempos de desolación, pero en ese momento no le entraba. La carretera y sus sonidos en las ruedas, le enseñaban los cambios graduales hasta el otro lado, del alquitrán a los baches, de estos a los terrones y de pronto, todo se paró: el coche, la radio enmudecieron frente al horizonte. “Sólo para locos”, rezaba el cartel. Y allí, se vió de nuevo, con el babi, los mocos, la maletita de cuero, en la fila de su clase de la Caridad, esperando poder escaparse luego a la casa de la abuela Micaela, que le ponía huevos fritos con volantes... Quién pudiera.
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27 Octubre 2008
Se monta uno en el coche, cierra por dentro, cinturón, lo pones en marcha, en la radio cuelas un cd de música para evadirte, breve vistazo a la posición de los espejos, y te diriges a tu centro comercial favorito. Unos veintes semáforos después, varios insultos con media boca abierta, no sea que se enteren de verdad, entras al parking, retiras el ticket, y ahí mismo, en el sector B9 lo dejas dentro del marco blanco pintado en el suelo. Al salir con cuidado para no golpear con tu puerta al otro coche, pliegas el espejo izquierdo, te sacudes de dos palmadas el polvillo en las manos. Camino a la segunda planta, escaleras mecánicas, arrostrado a la derecha, dejando libre el paso a los que llevan prisas. No dejas que tus ojos descansen en los fast foods de la primera planta, y continuas danzando al son de la música que suelta el hilo musical, y que se compenetra con el subir y bajar del ascensor, clin clan cada vez que sus puertas se abren. Segunda planta, tiendas de ropas, marcas de la tele y revistas de hombres preocupados por su aspecto. En el escaparate de la tienda esbeltos y repeinados maniquíes lucen los modelos de la siguiente temporada en un decorado sobre el que pesa una orden de búsqueda. Pantalones, camisas, jerseys, calzoncillos, chaquetas, bufandas, calcetines, zapatos, camisetas. Eliges con sumo cuidado un par de pantalones, una camisa blanca, un jersey y una chaqueta, y en el probador, desechas lo que no se ajusta a un patrón de comodidad, puntito de empaque y que te quede bien. En la cola de la caja, con las compras en una mano, repasas mentalmente los últimos movimientos de las tarjetas de crédito y débito para decidir a cuál cargar el importe. Eficaces las manos de los hermosos ojos que te atienden. Sales de la tienda haciendo involuntaria publicidad de la marca. Dos plantas más abajo parloteas con la máquina del parking acerca del movimiento de los planetas y te canjea el ticket por una papeleta para el sorteo de una lavadora. Deshaces lo hecho en el aparcamiento, sólo que ahora el interior del coche rezuma un olor a ropa nueva, Louis Armstrong te dice que en alguna parte, por encima del arco iris y de los sueños que soñaste en una nana... Siguiente tema, please. Fuera del centro comercial, los faros de los coches indican que está anocheciendo, y tú obedeces el impulso. GPS mental, dirección casa, con varias vueltas a la manzana para aparcar. Estacionado el coche, con previsión de no hacerlo en una zona de carga y descarga, residentes autorizados o zona azul, pliegas los dos espejitos y de nuevo te sacudes el polvo en las manos con dos palmas. En casa, tu perro te nota algo cambiado aunque su cola demuestra que sigues siendo el mismo. Sacas las ropas nuevas de la bolsa, las esparces sobre la cama, te duchas, te afeitas, y enfundas el nuevo material. peinas tus ralos pelos con respecto a tus posibilidades y te sientas frente al televisor. Pero no lo enciendes, hay silencio en la casa. El perro lame un hueso de pollo falso. Casi lo he conseguido, y casi lloras de alegría: escribir sin hablar de la crisis. Mierda de tiempo.
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21 Octubre 2008
Pasan los días y las noticias ansiosas, y los problemas siguen donde mismo estaban. Todo parece una charla de café, rumiante, en la que todos tienen la solución de los problemas, han hallado al culpable y manifiestan su deseo de colgarlo, si pudieran. No me da miedo confesarlo: estoy un poco perdido y confuso, y parece que he tomado la vía de en medio para salir del atolladero. Escribir estas líneas supone uno de los momentos de raciocinio en mi constante dejarme llevar por los acontecimientos. Se acabó hablar mal de los otros y su inutilidad, como si fuéramos nosotros ejemplo de cómo tienen que hacerse las cosas. Nos cansamos de sentir el peso de las responsabilidades y no recoger frutos si no es a costa de mal hipotecar una parte del futuro. Y manifestamos nuestro descrédito en la mayor parte de las cosas que nos intentan hacer creer. Me da miedo convertirme en un vocinglero de nadie, pero al mismo tiempo me da pánico pensar que sólo hablo desde mi ombligo. Constantemente, me encuentro con gente feliz pero arruinada, o con poco dinero, e incierto futuro; y a la vez, veo cómo los ricos y nuevos ricos, adaptan sus economías para poder seguir enarbolando sus gambones, aguacates con salmón y sus Marqueses de Cáceres. Nada como un tapón de queso manchego para tapar un agujero económico, más barato que un apestoso queso francés; una buena caña de lomo puede suplir el jamón rumano de Huelva; unos rollitos de gamba y bacon pueden sustituir a los carísimos sushis y sashimis. Pero el colmo de la sofisticación de las cenas de los constructores obligados a seguir aparentando es la cucharilla plateada de plástico. Mangué una porque tenía que contarlo aquí y en casa. Los pobres y sus eufemismos, que ya no sé por dónde vamos, volvemos a las catacumbas: a estirar el puchero del domingo, a rezar porque el niño encuentre trabajito pronto y a la niña no se le acabe el de cajera; a reírle las gracias a estos catetos por dineros y poner cara de circunstancia cuando venga el gachó con la escalera para aniquilar el suministro de la divina luz. ¿Es usted la mano de Dios? No, ¿no? Pues, entonces, se me baja usted de la escala, y me deja quieta la herramienta que ahora mismito voy al banco... Cago en la leche, que tenga uno que pasar por estos tormentos. Y luego la gente no hace más que chamullar que el Vargas es un pesao que sólo habla de la monea y sus asuntos... ¿Qué quieres, churra, que hable del circo de los que dicen que sabían y por eso cobraban ingentes sumas de dineros, y luego fallaron como escopetas de caña? Estados del mundo, acudid a mi rescate y al de toda la gente buena de este país que os dado los mejores años de su vida para hacer carreteras, hospitales, cuerpos de seguridad... No confiéis en ellos, los Bancos y usureros... Dios mío de mi alma, qué haría yo con tantos miles de millones, qué de agujeritos tapaba... Antes que nada, mi buena acción del día: comprarle el Betis a Lopera. (Jaimito, el filósofo de la Mancha, dixit).
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14 Octubre 2008
Vaya, aún todavía no nos hemos ido al carajo con el follón de la crisis. Y mira que los que escriben los titulares de los periódicos y noticias de la tele tienen ganas inmensas de escribir frases apocalípticas del tipo: “Se acaba el jamón”, “China compra los bancos para hacer bazares” y “Todos al PER”. Pero hoy, como el mundo no se acaba, y tenemos que seguir viéndonos los caretos para mentirnos, he decidido enmendarme de mi constante ataque a diestro y siniestro, tratando de explicar mi actitud. Para empezar, estas letras habría que leerlas con una copa de fino el Chocazo en la mano, o con una mano en la cintura de tu amor, o un plato de garbanzos enfrente. Es decir, prohibido leerlos, acompañados con café y tostada por la mañana. Si le añades una sonrisa al café y apagas la tele, a lo mejor podrás contagiarte de su energía caótica, pero te aconsejo que los leas en parroquia. Segundo, la ironía es esencial, para hacer una puchera en período de dieta y para pillar algo de lo que decimos, en plural mayestático. No se aceptan directrices ni generalizaciones de arriba, ni de abajo, ni de en medio... a no ser que las generalizaciones sean verdades de perogrullo: “el pan de antes era mejor”, “las penas unen más que las alegrías”, “qué calor hace” y “vaya, cómo está la cosa”... Decir “te quiero” es una táctica de guerra que desarma a los entendidos, a los mandamases, recomendados y enchufados varios: quien no tenga huevos de decir “te quiero” a alguien merece la inquisición, un mes escardando remolacha con una cucharilla de café o unas vacaciones en la Señuela, pintándola. Si me ensaño con alguien (socialistas, comunistas, cofrades, evangelistas, futboleros, peperos, andalucistas, cazadores, ciclistas, teatreros, jipis fumadores...) es porque los quiero, al entender que la caricatura es una forma de homenaje y reconocimiento... Al igual que ellos tienen todo el derecho del mundo mundial a reírse de mi, y ponerme a caldo, con caldo de la tierra preferiblemente. Y así, todos nos queremos más si nos reímos los unos de los otros y no nos tomamos tan en serio, que así nos va, con tanta seriedad, que ya lo he dicho. “Puedo escribir los versos más tristes esta noche...” pero me parece mucho más difícil arrancar una sonrisa, y una carcajada ni les cuento, y más por escrito... Por eso me da alegría, cuando voy al pueblo, ver las montañas de periódicos en los bares, llenas de manchas de café, miguitas de pan, lamparones de aceite y olor a tabaco. Somos manteles de la realidad, somos el soporte entre la barra y la tapa de carne en salsa... Qué mejor destino para un periódico que servir de cartucho para castañas pilongas, una docena de huevos o un rollo de cartulina. En fin, pido públicamente perdón si con mis palabras he podido ofender a alguien. Ya está dicho. Ahora, cuando me quieran partir la cara podré enarbolar mi cartucho de brevas con la página del Periódico de Lebrija donde me enmendaba. ¿Sabían vuecencias que Lorenzo Leal fue perseguido a tiros en la calle de las Monjas por defender desde “El Cronista” la reforma agraria en la marisma? Ma
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6 Octubre 2008
¿Qué tienes pensado ponerte para ir a ver el fin del mundo? ¿Cómo? ¿Ese traje? Hace tres telediarios y siete bicicletas robadas que deberías haber renovado tu apariencia de cateto. De un tiempo a esta parte, me asalta una voluntad corrosiva de muerte, vista la latente falta de huevos de políticos y banqueros de acabar con el mundo como lo conocemos. Para mí está claro: nos meten miedo para que nos hagamos cargo nosotros del caos que han creado estos cabrones. Pero como quiero ser buen ciudadano, enmendarme de mi orgullo ruinoso y hacer algo realmente práctico, he decidido asumir que el mundo se va al carajo y que es mejor prepararse para un evento que, honestamente, no tiene precio. Los curas y adeptos llevan siglos esperando el fin del mundo, y en éso basan su negocio, los cobardes. No es un secreto pero lo aceptamos como un mal inevitable, como un resfriado en temporada. Las trompetas del Apocalipsis siguen moviendo la vida económica de los bares cofrades y en la ciudad de los puentes sobre el Charcoquivir, los flamencos trasnochan al margen de la debacle. ¿Seremos capaces de narrar el fin del mundo sin que parezca una peli americana? Al carajo los trajes horteras de las bodas españolas, iré desnudo, con un pañuelo de colores, amaré a quien me dé la gana y llevaré vino de Lebrija, para hacer patria y publicidad. ¿Cuál es el buen sitio para contemplar el fin del mundo? Hecha la pregunta a mis contactos del messenger, en directo, en toítas partes del mundo, hay disparidad: unos sueñan tríos amorosos, y no tanto, en camas secretas; otros, los menos, rezarán mientras esperan al amor. Yo me iría a la playa con mis sobrinos y mis amores, y que allí nos coja la noticia mientras nos jamelamos una sandía, hacemos un castillo de arena y nos ponemos a cantar las cosas del Diego Carrasco. Ya sé que no suena tan golfo como se esperaría. Nada de orgías como las de la tele del Penki, ni drogas a diestro y siniestro como en las noches de los jipis de bolsillo lleno. Bah, eso sería previsible. ¿Qué harías si te dijeran que el mundo, tal como nos lo han contado, se fuera al garete? Más vale que tengas una buena respuesta, original, personal... Quizá muchos optarían por el silencio, que es más inteligente, no contar nada y hacerlo luego a la chita callando. A otros, le entraría el avenate violento y saquearían los cajeros y tiendas de ropas. ¿Para qué? ¿Para hacerte un traje de billetes de 500 euros? Tú eres tonto, chaval, y ni porque se acabe el mundo, y el lenguaje, dejarás de serlo. ¿Y luego qué hacemos? Una vez se acabe el vino, el queso y el pan de Santa Luisa, compartamos las últimas pucheras en los pisos que no pagaremos; una vez se queden en las cunetas los todoterrenos con la Virgen del Rocío en el retrovisor, por falta de petróleo, caminaré de tu mano, amor, hasta donde nos lleve la sed y el hambre, donde podamos ser solamente un hombre y una mujer que comen, leen, hablan, cantan, ríen y hacen el amor. “Ensayo sobre la ceguera”. José Saramago. Suerte en la huida, por si no les vuelvo a ver.
servido por miguelangelvargas
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3 Octubre 2008
Es posible que esta historia de Internet tenga algo de mensaje embotellado, arrojado a las mareas a la espera de ser hallado, a lo mejor, no por un alma gemela, pero sí por una mente inteligente, bruja o persistente que sepa leer entre líneas, separar el grano de la paja y tener la paciencia de un ocioso.
Hasta ahora lo úniquito que hacía era volcar a este medio los artículos que semanalmente publico en "El Periódico de Lebrija", un medio local y con muy concretas intenciones, que me deja decir todo lo que quiero y de la forma que quiero. Mis gentes me dicen que tiro la piedra y escondo la mano, por eso no tengo peligro, y que como además escribo en este incomprensible estilo tan irreal, mezcla de intelectualización del flamenqueo y memoria poética, pues éso, que hay los que me leen y se enteran poco, y los que me entienden aunque yo mismo no lo haga.
La foto de un desnudo dentro de una botella de vino de jerez, que son negras, cerrada con un corcho de tinto. Si quieres ver el desnudo tienes que encontrarte con la botella, buscar un sacacorchos, y sacar la foto sin que se rompa... Malabarismo literario.
Rincón almacén:
http://www.youtube.com/watch?v=qXlY3KBqQ7I
Es viernes, y necesito mandar esta botella.
Besos, amor.
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